El paso del tiempo demora, o silencia, la transmisión de los libros escritos en lenguas extranjeras. Este efecto es mucho más notable cuando se trata de escrituras que poco tienen que ver con la tradición occidental. La sensación de extrañeza se acentúa si además es una mujer quien escribe y describe los vicios y las virtudes de la corte de Japón en la década de 990. Sei Shônagon, una ayudante poco importante de la emperatriz Sadako, es la autora de El libro de la almohada, un relato digresivo, ordenado según el cambio de las estaciones y de los estados de ánimo de quien escribe. Las aproximaciones biográficas suponen que tenía cerca de 20 años cuando redactó su obra, semejante, por momentos, a un diario privado y también a un catálogo de situaciones. Sei -tal era su nombre familiar, en tanto Shônagon designa su cargo en la Corte- escribe con caracteres chinos, los que estaban reservados a los asuntos oficiales y a la alta cultura, dominios masculinos. La poesía era parte de la alta cultura, y la escritura en prosa un lugar de menor jerarquía. En ese espacio Sei ubica sus relatos y catálogos, que bordean el secreto de la escritura íntima. Y elige precisamente un tono cínico y sarcástico para las cosas relativas a las personas importantes, mientras que las manifestaciones más triviales de la naturaleza, como "el pasto que asoma verde y brillante entre la nieve", merecen una mirada más paciente y delicada. Clasifica, por ejemplo, "cosas sórdidas" como "el revés de un bordado" o "el interior de la oreja de un gato". En el capítulo siguiente, referido a "personas que parecen sufrir", se ocupa, entre otros seres, de "la nodriza que cuida a un bebé que llora de noche". Más adelante enumera "cosas que aunque lejanas son próximas": "el Paraíso", "la trayectoria de un bote", "las relaciones entre un hombre y una mujer". Las semejanzas y las relaciones entre los diversos capítulos componen una suerte de álbum ordenado casi al descuido, despreciando las escalas previsibles para narrar la vida cotidiana de acuerdo con otros parámetros. El reconocimiento literario, que representaba para los hombres una vía de acceso al poder político, para las mujeres era un camino que les permitía conseguir la atención de los hombres de rango. En este sentido la escritura de Sei Shônagon, una cortesana en el Japón de mil años atrás, desarrolla una táctica política, con imágenes que no desdeñan las flores y las penas del amor, pero que llegan mucho más lejos, cerca de la sorpresa de las obras únicas.