Vía e-mail, Diana Aisenberg le fue pidiendo a más de 600 colaboradores su propia definición sobre las palabras que, con su uso, contribuyen a la construcción del discurso del arte actual. Su idea fue prefabricar un pensamiento colectivo y, el resultado, un texto riquísimo; cada término está desmenuzado en uno o varios elementos: enumeraciones, definiciones de autoría colectiva implantadas en el saber común, información pública, citas, recomendaciones, ocurrencias, entregas especiales-escritas ad hoc del libro-, confesiones y glosas.