Una paradoja caracteriza a nuestro tiempo: mientras Occidente pretende imponer en nombre de la libertad su modelo de democracia a culturas y tradiciones diferentes, ésta se ha vuelto indisociable de los regímenes totalitarios. Un hecho que se verifica tanto en la progresiva transformación de las democracias parlamentarias en gubernamentales como en los llamados “centros de detención temporaria” donde son alojados los inmigrantes ilegales en Europa o en las atrocidades que acontecen en las prisiones de Guantánamo o Abu Ghraib. Desde que hace casi una década, con la publicación de “Homo sacer (El poder soberano y la nuda vida)”, iniciara un ambicioso desafío intelectual con el que se propuso dar una respuesta a “la sangrienta mistificación de un nuevo orden planetario”, el filósofo Giorgio Agamben se ha convertido en uno de los principales referentes del pensamiento emancipatorio. En su último libro, “Estado de excepción”, (que integra la serie “Homo Sacer”), vuelve a inmiscuirse en la relación entre vida, política y derecho, una articulación que caracteriza su original lectura sobre las formas de organización de la existencia humana contemporáneas. Al filósofo italiano lo obsesiona comprender el trastocamiento que han experimentado las democracias occidentales durante el transcurso del siglo XX. La clave para poder dar cuenta de estas trasformaciones la encuentra en el estado de excepción, aquel momento del derecho que implica la suspensión del orden jurídico y las libertades individuales en sus diferentes versiones: decretos ley, estado de sitio, dictaduras. Según la óptica de Agamben, lejos de constituir un fenómeno de carácter reciente, la adopción de medidas de excepción ha sido una constante durante el transcurso del siglo ido. La hipótesis sobre la que se estructura el libro es que el estado de excepción, un momento que se supone provisorio, ha devenido en regla (una idea que toma de Walter Benjamín), convirtiéndose en la forma permanente y paradigmática de gobierno. Desde entonces asistimos a la instauración de una “guerra civil legal” a través de la aplicación del estado de excepción. Esta situación caracteriza a los totalitarismos modernos, desde el régimen nazi hasta los Estados Unidos de George W. Bus, hermanando democracia y totalitarismo. “Estado de excepción”, al igual que sucede con los otros dos libros de la serie, “Homo sacer” y “Lo que queda de Auschwitz”, nos interroga acerca de la relación de los campos con la actualidad. Si la nuda vida-es decir, los individuos despojados de su condición de ciudadanos y reducidos a una simple existencia, que caracterizaba a los Lager nazis-, tiene su correlato en Guantánamo, la figura de los espacios concentracionarios, lejos de ser meramente metafórica, puede ser comprendida como el reflejo literal de nuestro presente.