(...) Con sus frases truncas y oraciones seleccionadas, Antonio Di Benedetto supo construir-en una decena de libros publicados-un universo particular e incatalogable. A fin de mes, Adriana Hidalgo reedita una de sus novelas menos conocidas, aparecida en 1955 como “Annabella” y luego en 1974 como “El pentágono”, su nombre definitivo. Mendocino, fallecido en 1986 y autor fetiche de Juan José Saer, Di Benedetto tiene una sensibilidad única: su prosa pasa sin escalas de la poesía al cuento y del cuento a la novela. Una poética que funciona como narrativa y viceversa. En palabras de Jimena Néspolo, autora del prólogo de esta nueva edición, “El pentágono logra “poner en jaque ciertas pautas de construcción realista del relato (...) donde todas las alternativas argumentales son posibles puesto que los diversos porvenires conviven en una imagen incompleta, no falsa, del universo amoroso”: Su pluma gira sobre sí misma, melodiosa, estilizada. Sus monólogos de oraciones cortas (“Laura no está porque no es. Laura es aquello a lo cual se tiende.”) denotan la extrañeza que anida en las relaciones humanas. Asociado con las tradiciones de vanguardia, Di Benedetto confesó acerca de este libro: “Transcurría la década del 40, y, saturado de novela tradicional, cometí el atrevimiento, en grado de tentativa, de ‘contar de otra manera’. Así provoqué esta novela en forma de cuentos.” Como en un film onírico dirigido por David Lynch, “El pentágono” fuga hacia lo absurdo y lo fantástico, produciendo una realidad literaria única, irreductible a lo referencial o realista. Como cuando el protagonista es obligado a meterse en el barro y chapalear durante un careo judicial (“Aparte de ser una alusión, importaba colocarme en situación de inferioridad frente al otro”), o la incoherencia que lo asalta al descubrir que su novia vive dentro...¡de un contrabajo!