Las investigaciones de Declan Kiberd (Dublin, 1951), considerado el más importante especialista en literatura irlandesa, apuntan a definir la especificidad de las letras de ese país dentro del contexto de las literaturas escritas en inglés, así como a reinterpretar lo nacional a partir de la cultura. Su postulado básico es que Inglaterra ha leído la literatura irlandesa cargándola de estereotipos y cristalizándola en fijaciones muchas veces irreductibles. La contraposición entre la perspectiva inglesa y la revisión de las letras de Irlanda permite al autor desmontar la larga tradición de hadas, duendes y rebeldes solitarios. Jonathan Swift, Oscar Wilde, James Joyce, Samuel Beckett, Flann O Brien son algunos de los grandes escritores estudiados en “La invención de Irlanda” , verdadero dechado de erudición, refinamiento y conciencia crítica. Este espléndido fresco de la literatura irlandesa desde el siglo XVIII hasta nuestro tiempo, que no está destinado con exclusividad al cenáculo académico, presenta un ordenamiento y una reflexión sobre la Irlanda literaria, escritos con una prosa activa, casi combativa, pletórica de ironía, seriedad, humor y crítica. Cada escritor es valorado no sólo por sus méritos estéticos sino también por el diálogo que sus textos establecen con el eje conflictivo de la identidad nacional irlandesa y sus búsquedas políticas y sociales, en una permanente contraposición con la mirada inglesa, a menudo cargada de paternalismo o de displicencia. La clave analítica de La invención de Irlanda es la superación de la lectura étnica y localista. Para eso, Kiberd amplía el espectro hacia un registro poscolonial que repiensa Irlanda en términos de país especial dentro del mundo anglófono, un país pionero en iniciar el proceso de descolonización que abarca gran parte del siglo XX y que está lejos de concluir. Para Kiberd, la relación con Inglaterra, pese a la larga historia de postergaciones e intervenciones, no ha dejado de ser productiva, porque los ingleses generaron en los irlandeses la pertinaz insistencia en afirmar una identidad, una cultura propia, una perspectiva del mundo, una dimensión autónoma en el conflicto de las interrelaciones individuales y colectivas. Sobre esta base conceptual, la lectura comparativa de los textos de ambos países, en el marco teórico del poscolonialismo de Said y de Frantz Fanon, extiende la mirada de la literatura a la historia cultural. “La invención de Irlanda” comienza con una efectiva humorada: "Dios inventó el whisky para impedir que los irlandeses gobernaran al mundo, pero ¿quién inventó a los irlandeses?" De inmediato, la perspectiva jocosa se hace seria y Kiberd no sólo recorre los textos de los mejores escritores de su país preguntándose qué significa ser irlandés, sino que además traza delicadamente un excelente punto de comunión entre los estudios poscoloniales y los literarios. Así, al estudiar los sofisticados intelectos, los registros sutiles y hasta cínicos de Oscar Wilde y Bernard Shaw, centra su atención en la crítica radical de estos autores a la percepción antitética del mundo en la era victoriana. El modo en que se ubica Irlanda como fenómeno y como texto cultural referencial en la obra de ambos escritores es pues el objeto privilegiado del análisis. La revisión de Beckett, en cambio, se adentra en el profundo sentido gaélico de su discurso literario, en las notables referencias a la poesía de Yeats en la palabra beckettiana y en la permanente paradoja de la condición reversible del par amo/esclavo, que trasciende Esperando a Godot o Final de partida y remite al vínculo de Irlanda con Inglaterra. La misma tensión entre esos países es el fundamento de la lectura de “Dublineses” y del resto de la obra de James Joyce: un diagnóstico de la anomia social en el marco de la Primera Guerra Mundial, el resquebrajamiento de significados estables del mundo y la erosión de convenciones compositivas del relato, claves todas de la textualidad joyceana. Según Kiberd, la respuesta de Joyce al estado de permanente construcción de su patria es que Irlanda no es una meta por alcanzar sino por intentar. A partir de Joyce, Kiberd hace surgir el concepto central de su tesis: Irlanda es un objeto filológico y cultural cuya influencia literaria, artística y civilizadora supera el tradicional disciplinamiento sometido al fenómeno nacional e internacional de lo inglés. En su opinión, la literatura irlandesa es el elemento que construye el sentido de lo nacional y define su propio contexto no literario, desde el espacio de representación del tiempo y del mundo que novelas, cuentos y poesías erigieron a lo largo de varios siglos. Inglaterra, desde una perspectiva irlandesa, señala, "no es sino la última y la más poblada de las colonias del Imperio Británico". Por momentos, el ensayo adquiere la fluidez de una novela protagonizada por una doble voz: la del texto y la del conjunto de los irlandeses de todos los tiempos. En este lúcido y monumental trabajo, distinguido por Edward Said como una de las obras más importantes en el campo de los estudios culturales y poscoloniales, arte, política, sociedad y cultura se imbrican para poner en conflicto e interrogarse acerca de una identidad, que de ese modo se nutre y se redime.