Su patria es la lengua francesa, y su hogar, la literatura. Sin embargo, Jean-Marie Gustave Le Clézio -uno de los más conspicuos exponentes del quehacer literario galo y trashumante de diversas culturas- afirma que esa lengua francesa, que utiliza para escribir, "está alimentada por sus lecturas, los ruidos de la calle y de un modo de mover los labios al hablar. Uno no escribe sólo con palabras, también lo hace con los gestos". Para no quedar fuera de la actualidad, el fascinante escritor opina que la puja entre los candidatos presidenciales franceses Nicolas Sarkozy y Ségolène Royal es una novedad en sí, pues representan a dos minorías en la política gala: el primero, porque desciende de un inmigrante. Y la segunda, porque es mujer. La traducción de dos de sus más de 30 libros al español - "El africano" y "Urania" , que vino a presentar a Buenos Aires- es una gran noticia. La segunda buena nueva es que dos sellos independientes argentinos -Adriana Hidalgo Editora y El Cuenco de Plata- se jugaron a acercar su obra a los lectores locales. El escritor, nacido en Niza en 1940, volvió al país luego de 24 años. Su última visita fue en 1983. "Buenos Aires era entonces una ciudad triste y gris, como ocurre después de las guerras. Hoy la veo joven, alegre y muy moderna", dice este narrador multicultural, antes de que la mundialización se inventara, y global, antes de que los capitales viajaran sin pasaporte. Ha vivido en más países de los que puede contar, menos en Francia, a la que vuelve cada vez menos. Su residencia actual está en Nuevo México, Estados Unidos. Le Clézio se presentará hoy, a las 19.30, en la Alianza Francesa (Córdoba 946), y mañana, a las 19, estará en la Feria del Libro. -¿Por qué un hombre tan tolerante vive en el país que gobierna George W. Bush? -La cultura norteamericana es más abierta y menos racista que la europea. Yo vivo en un Estado demócrata, que se ha opuesto a la guerra de Irak y cuya preocupación es mejorar la vida de la gente. Bush es un accidente en esa sociedad. -¿Cómo vive usted su condición de "escritor inclasificable", según alguna crítica? -Ser inclasificable es confortable. La clasificación es difícil para los seres humanos, aunque para los insectos es posible. Quizá me consideran así porque no pertenezco a ninguna escuela literaria y tampoco he vivido en el corazón de París. Además soy indiferente a la crítica. No obstante, hay una crítica a la que no le interesa la clasificación. Soy así y la crítica no me impide dormir. -¿Qué obsesiones alimentan su literatura? . -Escribir es una de ellas. Un biólogo francés decía: "La verdad tiene para mí el sabor de venganza". No quiero cometer el error de equivocarme sobre ella. -¿Qué le ha permitido descubrir de usted esa verdad que explora en su obra? -En mi primera etapa como escritor, la búsqueda de la verdad era un trabajo difícil y exigente, tenía mucho de obsesivo. Descubrí la autofascinación de la escritura, pero me enfermé. Estuve ausente de mí un largo tiempo. Por eso me fui a vivir a la selva de Panamá, con los indios, y pasé tiempo sin leer ni escribir, aislado por completo de la vida intelectual. Después de ese experimento cambié por completo la forma de investigar sobre mí, lo hago con más distancia. Empecé a considerar más a los otros. -¿Qué le dio esa escritura? . -Lo que me había faltado: gozar del mundo, vivir el entusiasmo por la vida, hallar el placer de encontrarse con los otros y el disfrute del mundo natural. Antes yo escribía sobre el pequeño infierno de las ciudades. Luego me interesé por aspectos más precisos de la vida. -¿Cómo logra usted que uno se reconozca en esa condición de extranjero que habita en El africano y en Urania ? -La condición de extranjero hoy nos define como humanos, pese a que vivimos en sociedades en las que el hogar, las fronteras y las leyes sociales son importantes. Lo que se llama mundialización es el invento de un ser humano nuevo que supera las fronteras y se comunica de diversas maneras nuevas. Un extranjero es alguien que puede imaginar los otros mundos y puede trasladarse a otras civilizaciones. En el mundo actual no existe choque de culturas. Hay un poder central del mundo industrial y tecnológico, pero las culturas se resisten a ese poder y se afirman en su medio. Ese enfrentamiento responde al esfuerzo por sobrevivir. -¿Por qué Francia no vuelca su riqueza multicultural en la literatura y en la prensa? -Francia no tuvo la suerte de países como los de América Central o del Sur, que aceptaron una inmigración sin prejuicios. Alemania, España, Italia y Francia se congelaron en un autorrespeto de su historia, y eso es ilusorio. Ahora construyen murallas mentales para impedir la mezcla, pero ésta es una corriente natural. Son sociedades que se vuelven más racistas, más xenófobas. -¿Cómo recuerda el lenguaje de su infancia? . -Durante la infancia uno aprende un lenguaje que no olvida, es un lenguaje sin palabras. El niño no sabe qué es la longitud del tiempo, porque vive con intensidad el presente. En la infancia se pueden hasta inventar palabras. El vocabulario no está encerrado en enciclopedias. Lo más preciso es lo que se siente. Eso es un tesoro infalible.