“Todo ser humano es el resultado de un padre y de una madre. Se puede no reconocerlos, no quererlos, se puede dudar de ellos. Pero están allí, con su cara, sus actitudes, sus modales y sus manías, sus ilusiones, sus esperanzas, la forma de sus manos y de los dedos del pie, el color de sus ojos y de su pelo, su manera de hablar, sus pensamientos, probablemente la edad de su muerte, todo esto ha pasado a nosotros”, Así comienza esta novela de Jean-Marie Gustave Le Clézio (Niza, 1940), que traduce Juana Bignozzi. La historia abreva en la propia biografía del escritor y parte de su infancia en Nigeria, donde la extrañeza ante el continente africano se cruza con el redescubrimiento del propio padre, distanciado largo tiempo de su familia, para ejercer como médico de la armada británica.