Después de haber pasado años como una escritora secreta, casi anónima, Hebe Uhart se ha transformado en una escritora de culto. Su estilo, que recurre al coloquialismo y al humor, atraviesa como una ráfaga de aire fresco el panorama literario nacional. Uhart se asoma al lenguaje común, a sus distintos registros y modismos, con mirada nueva, casi extranjera, y descubre y revela maravillas. Ella rescata esas "perlas" que el hábito o la costumbre ignoran o desdeñan y sus relatos pueden suceder tanto en un barrio de Buenos Aires como en un pueblito de provincia y sus personajes, porteños, paraguayos, bolivianos o alemanes, deambularán por la city. Los protagonistas de sus cuentos recuerdan algo que dijo una vez la actriz Juana Molina: que construía los personajes que interpretaba a partir de su manera de hablar. También me recuerda a cierta escritora a quien después de una conferencia le dijeron: "Usted habla como escribe", a lo que ella contestó: "Me ha llevado años lograrlo...". Porque ésta también es la marca de Hebe Uhart, lo que podríamos llamar su manera de acertar y su estilo, pleno de humor y pendiente del detalle. Por eso ella admira a Mansilla y a Fray Mocho pero también al uruguayo Felisberto Hernández, a los cronistas brasileños, a Chejov y a los norteamericanos Erskine Caldwell, Flannery O" Connor y Dorothy Parker. Dice Elvio Gandolfo de su obra: "Le ha dado a la literatura argentina decenas de personajes emocionantes, inolvidables, que establecen al hablar, al actuar, al tener sentimientos por otros, una manera de existir, de resistir, de no entregarse...". -En una entrevista dijiste una cosa que me pareció muy interesante, y es que a las personas se las conoce por aquello a lo que jugaban cuando eran chicas. Me gustaría que te explayaras un poco sobre eso. -A mí me parece que cuando uno era chico tenía, por empezar, un registro más fiel de quién te quería; por ejemplo, los tíos. Yo tenía un registro fidedigno. Ese registro, al crecer la gente y tener multitud de relaciones intermedias, se va perdiendo... ¿y por qué se conoce más fácilmente por lo que jugaban cuando eran chicos? Porque es muy revelador de si eran sociables o insociables, fantasiosos o realistas, manijeros o tímidos. Todas las peculiaridades de una persona están un poco en relación con esa matriz infantil, me parece. -¿Vos a qué jugabas, a qué te gustaba jugar? -A todo, a mí me gustaba todo. He jugado mucho. Yo vivía en un pueblo y hasta los 13, los 14 años, podíamos jugar en la calle, podíamos jugar a la paleta en la calle, cosa imposible hoy día. Por lo tanto tenía muchos amigos, además, en un pueblo como era Moreno cuando yo era chica... tenía amigos de al lado de mi abuela, los amigos de los tíos, los amigos... no sé, muy amiguera he sido y sí: jugaba a la paleta de más grande y de más chica, a la estatua "como cae queda" y "artística", ¿te acordás de ésa? Yo siempre "como cae queda", nunca tuve vocación de "bella"... (se ríe) -¿Qué es la literatura para vos? -Ah... mirá, te voy a decir para mí lo que es escribir, te voy a decir como lo dijo ya Mansilla, en 1890, por ahí. Mansilla dijo lo siguiente: "Los argentinos no aprecian a Fray Mocho (era menor que ellos, era "el malogrado Fray Mocho") porque en Buenos Aires se cree que escribir bien es escribir como escriben los españoles, Larra y todos esos con florituras y todo eso. Escribir bien es comunicar algo, es comunicar". Entonces para mí escribir, suscribo perfectamente a lo que dijo Mansilla: es comunicar; si sale lindo, mejor, por supuesto, y eso tiene que ver con las capacidades de cada uno, pero es comunicar algo y el hombre éste lo dijo en 1890... -Qué gran escritor era... -Era un gran escritor y con visión de conciencia de lo que era la literatura argentina, es decir que había argentinos que eran muy buenos, y eran mejores que los españoles, pero los porteños no los valoraban, como no valoraron hasta mucho después a Fray Mocho, ¿no? Yo creo que es eso: comunicar algo. Sí, la mayoría de los escritores que a mí me gustan, por ejemplo, son más bien tirando a realistas, que me digan algo, que me cuenten algo. -El primer cuento tuyo que leí, hace años en una edición del Centro Editor, fue "Danielito y los filósofos". Me gustó mucho y ahí empecé a buscar obra tuya. ¿Qué me podés decir de ese cuento? -"Danielito y los filósofos" tiene que ver con una experiencia que yo tuve, medio nefasta, de suplente de Latín y de Psicología. Fue una suplencia en tiempos del Proceso y el colegio era espantoso. Yo estaba con un miedo terrible porque los chicos parecían bestias enjauladas, el celador no los dejaba ir al baño, el celador se decía que era de la Policía de Morón. El régimen era espantoso, la opresión era una cosa inconcebible y yo estaba tan perturbada de ir a ese colegio que no atinaba, no solamente a una estrategia educativa, didáctica, mejor dicho, sino a pararme en mis propios pies ahí y pensar bien en lo que tenía que hacer, porque era una cosa terrible, persecutoria. -Bueno, eso lo transmitís en el cuento. -...era persecutoria y fue feo, sí, fue una experiencia fea. -Otro cuento tuyo que me viene a la memoria es "Una se va quedando", que he trabajado mucho en taller con docentes. -"Una se va quedando" tiene que ver con que mi mamá era directora de una escuela y esa señora (la protagonista del cuento) era directora de una escuela rural, y los directores de escuela rural se van quedando. Aquí, la maestra era de una muy buena familia de Moreno, se había educado en colegio de monjas, como dice en el cuento, pero después se casó con "El Negro". Ése es un relato de mi mamá, que era muy amplia, porque las maestras de Moreno no la querían tratar a esta mujer, era como medio paria, era una persona medio paria, qué sé yo, y mi mamá la quería, la apreciaba y me ha contado eso. Ese cuento es de mi mamá. -Y otro de tus cuentos que me gusta es "El holandés errante". -Eso es muy lindo de dónde viene: "El holandés errante" viene de un verano, en general soy muy de vacaciones, sí, a veces lejos, pero "El holandés errante" viene de un verano en que yo tenía que pintar la casa y algo tenía que hacer y no tenía plata para vacaciones. Y "Yo quiero ir y quiero ir". Entonces vi por tele un pueblo de Entre Ríos que se llamaba Irazusta, un pueblo de mil habitantes. ¿Y qué atracción tienen? Había unas mujeres cocinando y decían: "Se acicalan las nutrias, el acicalamiento de las nutrias y la zorra de la vía"; ésa era la atracción. Bueno, mucho no es, pero esto no puede costar nada. Entonces me fui a Gualeguaychú, que me querían captar para el pueblo, los hoteles. Me tomé un remise y en el campo, campo, campo, apareció un pueblito chiquitito... "¿Y usté se va a quedar acá?", me dice el chofer. "Sí", le digo yo. Me bajo y le pregunto a una señora: "Señora ¿dónde puedo dormir acá?". "En mi casa", me dice. "Señora, ¿quiere documentos?", le pregunto. "No m"hija, acá nos conocemos todos. Eso sí, tenga cuidado con los perros, que son garroneros. No la van a conocer los perros", me dice. O sea que era un pueblo al que con un solo golpe de vista vos lo veías, la vía, el pueblo, la plaza de ahí donde se sentaba el chancho, qué sé yo. Y el holandés es porque un paisano de ahí, al que yo iba para preguntarle la historia del pueblo, me contó que había venido un holandés. Y el holandés fue dos veces a ese pueblo que no, no. Bueno, ahora tenían como 15 turistas y estaban todos como locos. Y el holandés, me decía el criollo: "¡Lo bien que aprendió acá el idioma!". Aprendió y volvió de tan encantado que estaba, claro, porque aprendió, digamos, con acento de Irazusta, con tranquilidad. Entonces a ese pueblo lo recuerdo siempre, era una gente increíble. -Lo que atrapa del cuento es cómo lo contás, desde esa mirada de niño de este personaje que no entiende nada de Buenos Aires y busca el campo. -Además era el momento en que Buenos Aires estaba con el 2001; estábamos con toda la historieta ésa, con toda la crisis. -En tus cuentos también aparece un afecto especial por los animales, por determinados animales como los gatos. -Y, gatos porque tuve gatos, sí. Pero muchos animales me interesan, sobre todo los chimpancés, los monos superiores. Me interesan muchísimo. Tanto es así, que te digo que si yo tuviera otra vida me dedicaría a estudiar a los chimpancés, como esas norteamericanas chifladas que llevan 20 años. Ahora no puedo, no dan los tiempos. -También tenés espíritu viajero, ¿no? -Sí, todos los años me mando por ahí, hace unos meses estuve en Ecuador. Sí, me gusta viajar. -Más allá del título, que ya lo anticipa, ¿de qué se trata "Turistas"? -Lo que te puedo contar es el mecanismo. Yo le llevé a Adriana Hidalgo diez cuentos, me aceptó cinco y me dijo: "Te acepto cinco y vas a hacer cinco cuentos nuevos". El año pasado fue. "A la miércoles...", dije yo. -¿Por qué, no le gustaron? -Parece que no. Entonces yo escuché. Estaba ella, estaba el lector. Me dice: "Hacé Buenos Aires vista por un extranjero, por un turista como los que hay ahora". "Bien", dije yo. ¿Y qué hice? Un alemán. Me documenté a full, qué sé yo. "Hacé una reunión de consorcio". Eso es más fácil, porque he visto muchas en mi vida. Me pautó dos o tres temas, y yo también quise hacer. Le digo: "Tengo ganas de ir a una fiesta de paraguayos para hacer un cuento de fiesta de paraguayos". "Hacelo", me dijo. Y le hice cinco cuentos el año pasado. Cinco cuentos que fueron aprobados porque yo pensé: "Si yo ahora me resisto, me pongo a pensar qué criterio... a pelear y todo eso, pierdo tiempo porque ésta me va a decir que no. Entonces yo me pongo a trabajar y trabajo". Cosa que hice al estilo oriental, así, con una conformidad oriental lo hice. Entonces, yo tengo una chica que me ayuda con la computadora y qué sé yo y le digo: "¿Y cómo sabía ella que me iban a salir, y cómo sabía los temas?". "Porque los demás saben más que uno lo que uno puede hacer, muchas veces". "Mirá vos..." posiblemente sí, los demás saben más hasta dónde puede llegar uno. Eso me dijo y es verdad. Pero me sirvió lo que ella me hizo, porque hay tres cuentos que yo hice con mucha documentación. Uno es el cuento del alemán: busqué a la hija de una amiga que tuvo un novio alemán y ella me habló. Leí libros de cuentos de alemanes, comunes, no demasiado buenos, pero para ver por dónde les iba la cabeza. Yo tenía cierta intuición de para dónde les iba la cabeza a los alemanes y fui a la calle Florida varias veces, para ver cómo era el movimiento de la gente y todo eso, para ver como si yo fuera una turista. Sí, sí, me documenté, hay como tres cuentos que son muy documentados. Hice otro de una migrante paraguaya, para el que también me documenté: me traje dos señoras a mi casa; una era muy urbana, no me servía, pero otra, más de campo, que sí me gustaba. Y usé algunas de las cosas que me dijo, cosas tan interesantes que me hicieron pensar en algo más allá de la literatura. Ella era de una zona como rural, dieciocho hijos, ninguno pasó hambre. Yo digo, esta América Latina es bendita. Y es una zona muy lejana a Asunción y no es Argentina. Ninguno pasó hambre, gana algo, verduras, huevos, qué sé yo, todo eso. Ahora eso sí: el padre iba todo el tiempo con el látigo trenzado para... es que de los dieciocho hijos tenía diez mujeres... este hombre, si no era drástico, en tres años tenía cuarenta, no dieciocho, ¿sí o no ? Sí, ésa me sirvió, esa señora. Después leí mucho de Paraguay, leí Roa Bastos para tomar el idioma, compré diarios de Asunción y una guía del lugar de donde era ella para ver la zona y todo eso. Es muy interesante el lenguaje porque se acoplan las palabras; por ejemplo, en el mismo diario no te dicen "una ladrona", te dicen "una roba- coches". Cuando después de la Guerra del Paraguay mucha gente enterró cosas, mucho tiempo después la gente buscaba los entierros, pero ésos se llaman "plata-entierro", no es plata enterrada, son "plata- entierros". Y una mujer a la que no le tomás el punto, que no sabés cómo es, una mujer "misteriosa", diríamos nosotros, es una "mujer-tiniebla", muy lindo, ¡es divino! Es un castellano con una impronta guaraní muy fuerte. Puse algunas palabras guaraníes; por ejemplo, "internet" es "ñanduty-guazú", la red grande... ¡qué lindo! Internet es "ñanduty", la red, tejido grande. Eso es tan hermoso de los paraguayos... yo los quiero mucho, la verdad es que los quiero mucho porque son un encanto. Y después hice uno para el que me documenté un poco con un alumno mío que ahora está con una revista literaria. Los chicos que quieren hacer una revista literaria, viste todo el lío que es... que se rompen el alma, que uno trabaja y los otros se cansan, que otro va para levantar chicas. Y entonces leí cuanta revista literaria había por ahí. Estos cuentos fueron de mucho trabajo y ésta es la historia del libro.