-El viaje suele relacionarse con la épica, pero en casi todos los cuentos de "Turistas" no hay grandes peripecias; una probable excepción es la historia de la paraguaya, Bernardina en la que se juega en un punto la supervivencia... -Sí, porque el inmigrante viene de una situación más vulnerable, si emigra es por necesidad, al venir a otro país por ese motivo, todo resulta más difícil. No es un paseo. -En el tratamiento de esas historias de inmigrantes, hay una mirada muy diferente, un discurso a contramano del de los medios, que en general estigmatizan... -Hay que tener poco conocimiento de la cultura paraguaya y un margen de racismo para estigmatizar y decir que los paraguayos son únicamente productores de delitos, que es lo que muestran los medios, cuando son más las personas que son honestas y trabajadoras. Desde el periodismo se los trata de estigmatizar pero eso no es más que racismo. En lo personal, además, tengo afinidad con los paraguayos, me gusta el guaraní. -En Bernardina hay giros en ese idioma... -Sí, pero igual sé muy poco...pero se está enseñando en la facultad la lengua quechua, la mapuche y la guaraní. Algo que me parece muy bien porque solo había institutos de altos estudios como la Dante, o de inglés o francés y no había de lenguas indígenas a pesar de que hay tanta gente indígena acá. No me gusta decir "pueblos originarios", me parece un neologismo, un eufemismo. La palabra indígena me gusta más. O específicamente, quechuas, guaraníes, y así. -En el libro se juega constantemente con la supuesta diferencia entre el turista y el viajero, pero al mismo tiempo se impugna la categoría... -En realidad no hay distinción entre turistas y viajeros, al contrario, en el libro se quiere romper esa cosa que está en los programas de viajes de televisión que a veces veo, eso que supone que una cosa es el turista, al que lo llevan de la nariz, y otra cosa es el viajero, que vendría a ser una clase superior de observador, de investigador. Pero da la casualidad de que todos los viajeros, por más investigadores que sean, van a parar a la peatonal. Yo había consultado un libro en italiano, en el que está Sartre y Benjamin, y todos terminan hablando de la calle Toledo. O sea que toda esa cosa está hecha para la difusión; la idea de que "usted debe ser un viajero, un aventurero", pero son distinciones del periodismo televisivo. Es cierto que hay personas más aventureras que otras; yo, por ejemplo, a la India no iría como viajera suelta, me perdería en la multitud; iría para ser turista como todo el mundo. -Los viajes de Turistas siempre implican partir con una serie de fantasías o prejuicios, y funcionan como relatos de iniciación. ¿desde donde parte usted antes de encarar un proyecto literario? -No tengo fantasías. Algunos de esos cuentos surgen de un largo proceso de investigación. En el caso de Stephan en Buenos Aires y de la inmigrante paraguaya para tomarles el lenguaje. Me puse a leer a Roa Bastos primero, después compré diarios de Asunción del Paraguay, y traje a dos señoras paraguayas a trabajar conmigo. Una no me sirvió para eso porque estaba muy urbanizada. Pero fui viendo un poco como se componía el lenguaje. El castellano, incluso el de los diarios, tiene una impronta guaraní. No dicen la ladrona, dicen la roba-coches, sustantivos compuestos. -Hay dos cuentos que pueden leerse como los extremos de una carrera literaria, que suponen mundos cercanos al suyo, como el de Revista literaria y Congreso, de su libro anterior, Del cielo a casa... El segundo parte de mi experiencia en un viaje a un congreso de escritores. El otro no tanto. Nunca pertenecí a ningún grupo literario. El cuento Revista literaria me surgió de ver a esos chicos jovencitos, y verdes, de los suburbios, que escriben y siempre hay uno que lleva todo adelante y dice "yo tengo que hacer todo solo". Me pareció divertido pero nunca pertenecí a ninguna revista literaria ni a ningún grupo. Tengo un alumno que me decía que de más chico hizo una revista literaria y me contó cómo hacían, y que se hacía, como el personaje del cuento, una autoentrevista, se imaginaba lo que le iban a preguntar. Eso lo robé de él. Y después esa idea de cuando uno tiene veinte años, de irse a una beca, a otro lado o a otro planeta, que se yo (se ríe). Yo no me hacía reportajes pero pensaba que daba charlas en francés, esas cosas juveniles. -En los dos relatos ironiza sobre ciertas pretensiones de los escritores. ¿Qué cosas le molestan del medio literario? -Me molesta algo propio de todos los medios, que es el internismo; esa tendencia a cohesionarse y considerarse un grupo aparte de todos los demás. Me molesta el cholulismo de llamar a un escritor por su nombre, como a Mujica Lainez decirle "Manucho". Escucháme, ¡Manucho le puede decir la familia pero no una persona que no tiene nada que ver! (se ríe). Después usar palabras como "creador". Es raro, ¿no? Decir de un escritor artesano sí...pero "¡creador!"... También me molestan los cuentos en los que ponen el nombre de otros escritores, como si fuera un guiño a unos pocos, cuando se piensa "estos cuatro o cinco me van a entender". Me molesta todo lo que sea internismo y todo lo que tiende a llegar a pocos. Pero tengo las relaciones normales que se puede tener con cualquier medio. Igual, al escritor le conviene tener trato con todo tipo de gente, de todos los sectores, porque si no no aprenden, porque todos los escritores han sido formados como vos. Pueden haber leído otra bibliografia pero más o menos son parecidos.