La tradición japonesa nunca le escapó al cuerpo: a su materialidad, a su poética, a su retórica. Pero, como bien señaló Michel Foucault, nunca precisó de una normativa ética, sino que desarrolló –como India, Persia o Grecia– una estética de la existencia. Es decir: una moral de la forma. Una estilística existencial. Esto ya está presente en el Hagakure, el libro del Samurai, obra compilada y divulgada entre los siglos VIII y XVI. Brevario de Caballería , inspirado en el Código del Bushido , es una exhaltación de todas las virtudes y sapiencias guerreras: valentía, elegancia, tenacidad, evitación de la queja, compasión, conocimiento de la caligrafía y la historia. De alguna manera, comportamientos, actitudes y conocimientos lejanos del ideal ascético –platónico/cristiano– y normativo occidental. Esto puede resumirse en lo que se denomina “la actitud durante la tormenta”. Estar siempre prevenido para lo peor. Algo de esta fibra y claridad conceptual está presente en la filosofía de Michitaro Tada. Tada (1924-2007) fue un ser excepcional. Y, como corresponde, poco conocido –dada su singularidad. Filósofo japonés, nacido en Kioto parece ser una suerte de Roland Barthes de la cultura japonesa. Su disección del “modo de ser” nipón presente tanto en Karada así como en Gestualidad japonesa es uno de sus mayores aportes. En 1976 fundó el Gendai Fukozu Kenkyukai (“grupo para los estudios de las costumbres y los modos de conducta en la modernidad”), junto a otros filósofos japoneses como Takeo Kuwabara y Shunsuke Tsurume, y en ese marco, iba formulando investigaciones que constituirían un real corpus absolutamente original y nuevo sobre la manera de ser japonesa. Fue alistado como soldado raso en la Segunda Guerra Mundial y luego de ese paso infructuoso entró en el Instituto de Humanidades de la Universidad de Kioto. Tada se destacaba por su fina sensibilidad en el manejo de los idiomas –especialmente el francés y el inglés–, y por un tono de escritura que rechaza la monotonía. Recibido en 1949 con una tesis sobre la filosofía de Jean Paul Sartre, Tada comenzó una carrera académica profesional en la que interpretó novedosamente la teoría rousseauniana acerca de los orígenes de la lengua. Trabajo que culminó con la publicación de un ensayo llamado Rousseau Kenkyu (Estudios sobre Rousseau, 1951). La filosofía de Tada es, esencialmente, un pensamiento de la vida cotidiana, de lo lúdico, de los hábitos, de la rutina, o lo que es lo mismo que decir, del cuerpo. No es azaroso su interés por la cultura francesa, especialmente por Sartre, Rousseau o ciertos escritores del dandismo –en 1974 publica un ensayo sobre Baudelaire. La cuestión de la gestualidad y de la corporalidad serán central en todos estos pensadores. Tada pareciera preguntarse siempre lo mismo: ¿qué es lo que hace al japonés ser japonés? ¿Cuál es la característa central de la japonesidad? Muy lejos de respuestas “esencialistas”, que hablen de seres o sustancias, la respuesta de Tada se apoya en prácticas concretas: rituales, comidas, gestos, movimientos, artes. En 1956 publicó Filosofía del chisme , donde eleva a una categoría importante de análisis los elementos de la vida cotidiana. Y es que uno podría ver su obra, fundamentalmente Gestualidad japonesa (2002) y Karada (2006) como dos obras fundantes de la estética de la vida cotidiana. En el fondo toda la obra de Tada articula una ética como estética de la existencia –japonesa. De la filosofía al deporte Las relaciones y los disparadores de Tada son muy numerosos y pueden llevarnos desde el cine clásico japonés –Yasujiro Ozu, Kenji Mizoguchi y Akira Kurosawa– al Hagakure –el libro del Samurai– o bien a los textos del budismo zen de autores como DT Suzuki o Taisen Deshimaru. Pero así como su “japonesidad” es esencial, su obra está fuertemente en diálogo con la cultura occidental, especialmente con la tradición francesa en la cual se ha especializado y de la cual se ha desprendido su linaje: Rousseau, Baudelaire, Sartre. Karada. El cuerpo en la cultura japonesa es un texto extraordinario e innovador por donde se lo mire. Articulado en base a la anatomía –cabeza, rostro, hombro, espalda, viente, ombligo, etcétera– es un libro que da cuenta también de una ars erótica . La ética que destila Karada es un exponente maravilloso de la larga tradición de la estética de la existencia presente en los tratados eróticos indios, chinos, nepaleses. Aquello que Michel Onfray dio en llamar una erótica solar, en contraposición con la erótica nocturna, aun pecaminosa de Occidente. Esta mirada destacada por Onfray estaría presente en los tratados de Tong-Hsuan, Jong-Tch’eng, Wou-Tch’eng, en el budismo tántrico y el Kamasutra . Es decir, una concepción del cuerpo no en términos de prohibición sino de expansión y estilística. Y allí la lectura del gesto será esencial. La obra de Tada trae reminiscencias al concepto de esnobismo que desarrollara Alexandre Kojeve en su lectura de la filosofía de Hegel –impartida en sus célebres seminarios en París, desde 1933 a 1939. Kojeve hablaba de esnobismo para referirse a una pura formalidad del vivir. Una existencia poshistórica –deslindada ya de una finalidad progresiva, utópica. El esnobismo era visto como el retorno a cierta “animalidad”, a una ritualidad del vivir sólo en términos formales. Kojeve había visto esto, en primera instancia, en la cultura norteamericana del American Way of Life , cosa que luego rectifica en su viaje a Japón y al entrar en contacto con la cultura y los ritos japoneses. Efectivamente, Kojeve veía en prácticas como la ceremonia del té, el ikebana, el tiro con arco, las artes marciales, el bonsái, etcétera, todas expresiones de la pura formalidad existencial. De una estetización de la vida cotidiana. Quizá uno de los puntos centrales para leer Karada sea comprenderlo como una sistematización de las prácticas, una cartografía o taxonomía del cuerpo, así como Gestualidad japonesa lo era de las expresiones gestuales –miradas, movimientos, sentarse, cuadrarse, reirse–. Tada pareciera consolidar un verdadero mapa del cuerpo japonés. Por ejemplo, el comer, según Tada, es visto como una singularidad donde los hábitos de cada individuo no pueden entrar en colisión con los del otro: “Comer, por cierto, es también un asunto individual. El buen apetito y el buen descanso son elementales para la buena salud, pero cada individuo tiene sus propios hábitos para comer y dormir, y cada hábito es personal y puede entrar en conflicto con los hábitos de otro. Por lo tanto, un sistema muy estricto de buenos modales para las comidas fue desarrollado por nuestros ancestros”. En un pasaje Tada cita a al filósofo Tsurumi que dice “si nosotros los orientales guardamos momentos es sólo a través de la carne, del cuerpo”, en relación a las ceremonias funerarias. El recuerdo es siempre inescindible del cuerpo del fallecido. Un hallazgo curioso y divertido es la alusión de Tada a la medida de la cintura en las mujeres. Dice el filósofo: “Es necesario quemar nueve calorías con esfuerzo humano para reducir un gramo de grasa subcutánea; ese dato lo tengo de los programas de medicina preventiva y control de peso Waist Size Story (Historia de la medida de la cintura. Un juego de palabras en referencia a la película West Side Story ). (…) La cintura de Twiggy mide cincuenta y cinco centímetros. La medida promedio de cintura de quienes representaron a Japón en el concurso Miss Universo era de sesenta centímetros, y la de Marilyn Monroe estaba apenas por debajo de esa medida: cincuenta y ocho centímetros. Sin duda, Miss Twiggy era un palito. Bien, entonces, entre la medida de la cintura de Anrokuzan (guerrero de la dinastía Tang) y de Twiggy, ¿cuál será el tamaño apropiado para entrar en la categoría de delgado?”. Este es el tono que maneja Tada, entre autorreflexivo, erúdito, irónico y pop. Lo mismo lo podemos registrar cuando Tada reflexiona sobre el estatus del cuerpo en relación con el deporte: “El cuerpo humano es secundario en todos estos deportes (fútbol, tenis, béisbol), mientras que en el judo (como también en la forma de la lucha japonesa sumo y la brasileña capoeira) el cuerpo humano es el elemento central. En cuanto a utensilios o armas, en esos deportes no hay otra cosa que el cuerpo”. Vemos pasar diferentes prácticas corporales: gastronomía, moda o deportes. Cada una de ellas es marcada por Tada aportando una pincelada de antropología cultural y estética de la vida cotidiana. La relación con la tradición del zen también impregna algunos pasajes del pensamiento de Tada. De hecho, hasta uno podría leer su filosofía –influida por Sartre– como perteneciente al encuentro de esos pensadores japoneses que releen a Heidegger en clave budista. Su mirada sobre el acto de arrodillarse, el de meditación zazen como en la ceremonia del té, así lo marca. Esta concepción es compartida por otro japonés de nota: Kakuzo Okakura (1862-1913) quien escribe El libro del té . Texto que es una incitación al arte de vivir y la celebración del cuerpo ritualizado. Michitaro Tada, entonces, responde a un verdadero linaje, sólo que su reflexión y operación se centrarán en el urbanismo del Japón contemporáneo. El Japón embebido en su corte con respecto a la tradición samurai y la actualidad capitalista. El Japón que lúcidamente describe Alexandre Kojeve en su visita en 1959. Esa vida poshistórica, poshegeliana, posrevolucionaria, donde todo oscilará entre animalidad y esnobismo. Esa japonización de Occidente constituida a partir de disciplinas o prácticas negadoras de lo dado, como el té, el teatro. No el arte de arreglos florales. Ese Japón mundializado que Kojeve traduce a Occidente, es el Japón que Michitaro Tada analiza en su mapa del cuerpo. La vida poshistórica implica una nueva animalidad, los hombres se contentarán con sus comportamientos artísticos, eróticos y lúdicos. En algún sentido, esa vivisección de la gestualidad y la corporalidad puede verse como una suerte de dandismo japonés por parte de Tada. Esta oscilación entre lo animal y lo ritual es lo que Tada marca en un pasaje donde habla sobre las flatulencias: “Hay un refrán en japonés que dice: “el inquilino que está atrasado con sus pagos es aquel que tendrá que hacer frente a la sirvienta por haberse aliviado de gases”. ¿Es un ejemplo de la confrontación con la verdadera naturaleza del animal?” Me resulta más probable que el refrán exprese la idea de que una persona no debe someterse excesivamente a aquel traje ajustado, acaso apretujado, que denominamos “la vida en sociedad”. Un libro pequeño y muy excéntrico – He (El pedo), escrito por Oribe Fukutomi– se publicó en el segundo año del período Showa (1927). Da la impresión de ser un manual de literatura de la flatulencia (…) Yo siempre fui reprendido si se me escapban gases, por ejemplo cuando suspiraba. Pensándolo ahora, la flatulencia podría compararse con un suspiro”. Esa descripción de Tada revela, en algún sentido, la cuota hilarante y precisa de su obra: magnífica antropología oriental contemporánea.