Después de haber sido invitado varias veces por el Instituto Goethe porteño, para participar del ciclo Post post comandando por Pablo Schanton, ahora Diedrich Diederichsen llega a Buenos Aires para presentar su segundo libro editado en castellano, con selección y traducción de Cecilia Pavón. En "Psicodelia y ready-made" (Adriana Hidalgo), así como en "Personas en Loop", Diederichsen se dedica a lo que es su especialidad: cruzar todo con todo para dar con algo nuevo. De este modo, el rock, la música pop, las artes plásticas y el cine son vistos con la lupa de teorías estéticas y filosóficas, y éstas a su vez, pensadas en tándem con temas como las ciudades o la pornografía. El verbo clave en Psicodelia y ready-made es “ver”: el primer artículo, que puede funcionar como una introducción se llama Crítica del ojo-ojo de la crítica. Allí, el crítico se zambulle en cómo se mira y cuáles son las líneas que se discuten a la hora de marcar una perspectiva frente a una obra de arte, tanto las que estallaban en los 60 como las que se reivindican ahora. La problemática de cómo mira quien mira es un capítulo sustancioso de sus preocupaciones. Y lo refiere también a la música pop, cuando explica: “Creo que en la música pop uno debería tener en cuenta que lo que hace a la cosa interesante es la rivalidad de actitudes e ideologías encapsuladas en la música. La música sola no es interesante si nosotros no podemos relacionarla con un tipo específico de persona que a través de la música se convierte en un objeto de debate (siendo éste el autor o el fan)”. En los ochenta, Diederichsen fundó la revista Spex, una de las más importantes de Alemania y, paralelamente a la escritura crítica en los medios, dio clases en diversas universidades. Esta combinación de ámbitos es la impronta de su escritura. Desde ese lugar letrado y también experimentado, puede estudiar en En la habitación de al lado. El texto de las drogas distintos eventos relacionados con las alteraciones en la percepción. Primero, señala las tres tesis que suelen proponerse cuando se habla de drogas: las drogas como liberación, las drogas como vehículo a la derrota personal y la conducta asocial, y las drogas como vehículo a la soledad, también, pero con una valoración distinta, la del poeta que se elevó de una sociedad hipócrita y llena de velos. Estas tesis, y otras más, son analizadas en relación con el arte y los artistas, porque el interés de Diederichsen en este artículo es clavarle el ojo al texto que surge de la autoobservación de las personas que prueban con drogas. Y aquí entran los experimentos con mezcalina y hachís de Walter Benjamin y también los del oficial de la Primera Guerra Mundial Ernst Jünger. La izquierda y la derecha y su producción experimental en relación con la droga. Pero también, Diederichsen se detiene en los efectos sobre el tiempo y el espacio y a partir de eso recorre, atravesado por el marxismo, los ritmos y dinámicas de los estilos musicales hermanados con las drogas. El autor agrega: “El arte conceptual nos ha explicado que toda nuestra percepción artística está basada en conceptos que pueden ser criticados o alterados. Mientras que la música (y el arte) influenciada por la droga nos ha enseñado al mismo tiempo que toda nuestra percepción del arte está basada en ciertos prerrequisitos cerebrales y físicos que también pueden ser criticados o alterados, tomando más, diferentes o no tomando drogas”. En Psicodelia y ready-made, las temáticas abordadas por Diederichsen son muy variadas: desde las culturas juveniles hasta los 30 años de punk rock, pasando por las vinculaciones entre pop y porno, el lugar del artista y el surrealismo. ‘No te preocupes por el gobierno’” Textos de canciones / textos de ciudad empieza citando un concepto simple y contundente: cuando un tipo de sonido cambia, las paredes de la ciudad se sacuden. Con ese disparador, Diederichsen se mete en las distintas valoraciones de la ciudad que han tenido los distintos movimientos musicales. Desde una idea de salvación/asilo, heredada (no sólo) por el blues de las guerras de secesión en las cuales la ciudad era vista como el espacio del progreso, pasando por un lugar para la aventura hasta el escenario de la fiesta y la diversión. El pop supo imitar los sonidos urbanos, y también darle lugar al arrebato localista explícito que del Hip Hop, en donde se habla de barrios y esquinas. Psicodelia y ready-made no sólo lanza unas cuantas ideas sobre eventos culturales resonantes y sus poco visitados lados B. También muestra que ésa es una forma posible de hablar de cultura, y que hablar de cultura puede llegar a ser hablar de algo muy grande.