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Exiliada del propio pasado

Por Ana Ojeda Bär

Medio: La Nación
Suplemento: Cultura
Ciudad: Buenos Aires
Fecha de publicación: 07-05-2006





“La asesina de Lady Di” (1999), primera novela de Alejandro López, hizo visible en el campo de la narrativa argentina contemporánea una manera de contar basada en la hiperbolización como medio de fuga de lo considerado comúnmente "serio". Allí, Esperanza Hóberal -la narradora- contaba con la misma soltura despreocupada la ansiedad que le provocaba hacer dieta y su responsabilidad en la muerte de su hermana. Muerta de hambre (2005), de Fernanda García Lao, otra primera novela, está construida íntegramente a partir de esta estrategia, de manera que el lector, a pesar de que sabe que lo que está leyendo es trágico, no puede sacarse la sonrisa de los labios.
“Selección natural” , de Cecilia Szperling, se ubica en la senda trazada por estas dos obras. Cuenta, en primer lugar, la historia de Ernestina, y, junto con ella, la de su hermana Emma, las de Cosme, Pablo Leonard, Anita K., Gabriel y Beppo. Personajes todos que, en su mayoría, llegan del interior a Buenos Aires en busca de una nueva vida. Aquí sólo encuentran locura y adicciones, un círculo vicioso que los sume en más locura.
Emma y Ernestina son hermanas. La primera, modelo de profesión, está casada con un hombre oriundo de Manchester, con quien vive en San Isidro. Ambas, de pequeñas, fueron "dos niñas bellas y rebeldes a las que el pueblo prestaba atención", pero con los años, la precaria correspondencia entre las hermanas se desvanece en el aire. Así, Ernestina se siente "una actriz de reparto en el mundo de Emma", cosa que le provoca frustración y rencor, y la lleva a definirse negativamente respecto de ella. La postulación de esta relación amor-odio entre hermanas mujeres es otro de los puntos que acerca Selección natural a las novelas de López y García Lao: en las tres, la hermana fea´ y protagonista, atenta contra la hermosa´, mero personaje secundario. En este sentido, reescriben, invirtiéndolo, el conocido tópico de Cenicienta. Se trata, en el fondo, de narraciones que proponen el fratricidio como origen de la construcción identitaria femenina. Aunque Ernestina no mata a Emma (como lo hacen Esperanza Hóberal -de manera literal- y María Bernabé Castelar -de forma simbólica-), sí participa de un robo en el que ve "cómo su propio novio, Cosme Segundo, le arroja a Emma un baño de café hirviendo en aquel rostro sagrado".
Al odio entre hermanas, se le suma la degradación absoluta de la figura materna que, lejos de funcionar como modelo a seguir, es retratada en tanto que ejemplo patético de lo que no se quiere ser. Contra esto, entonces, también reacciona la ficción: el modelo de mujer que se presenta como deseable es el que resulta independiente del hombre. Esta apuesta a la emancipación femenina, sin embargo, se cierra con una derrota rotunda. En un momento se dice de Ernestina que "tenía cuentas pendientes. Hasta allí, Cosme la había humillado, pero en el futuro, la última palabra la tendría ella". Sin embargo, finalmente, a ésta no le molestará "en absoluto" ser el "premio consuelo" de su ex-novio.
“Selección natural” indaga, antes que nada, en las dificultades que entraña la adaptación a una ciudad como Buenos Aires, en la que reina "la neurosis colectiva." En la que todos, tal como dice Anita K., estamos exiliados de nuestros pasados.