Gillies, Malcom

El mundo de Bartók

  • Colección: Los sentidos
  • Género: Biografía
  • ISBN: 987-1156-13-8
  • Páginas: 350

El mundo de Bartók, al modo de una biografía múltiple y coral, presenta un centenar de testimonios y evocaciones sobre Béla Bartók. Desde los relatos de su familia directa –madre y hermanos, luego sus viudas y sus hijos; también sus amigos íntimos– hasta los testimonios de grandes compositores y colegas como Zoltán Kodály, Igor Stravinsky, Yehudi Menuhin, Arthur Honegger, Darius Milhaud y Francis Poulenc, o la visión de sus discípulos Antal Dorati y Georg Solti. Aquí se recorren los primeros años en la Hungría provincial de fines del siglo XIX; sus estudios, viajes, vida privada; sus grandes composiciones; hasta los recuerdos del final de su vida, en Nueva York, donde muere en septiembre de 1945. Los testimonios alemanes, austríacos, ingleses, franceses, suizos, españoles, belgas, holandeses, rumanos, australianos, turcos, rusos y estadounidenses recogidos en este volumen reflejan el impacto y el legado musical que dejó fuera de su tierra. Esta pluralidad de fuentes sirve también para disipar los estereotipos simplistas acerca de la figura de Bartók, derivados de la trasposición de las ideologías de la “guerra fría” al análisis musical. El moderno héroe nacional húngaro retratado en los billetes y forjado en ciertos textos de Europa del Este, enmarcado en una perspectiva hagiográfica, contrasta con el retrato colectivo y contradictorio, con las dramáticas marcas de humanidad que presenta El mundo de Bartók. Béla Bartók (Hungría, 1881- EE.UU., 1945), uno de los grandes músicos y compositores del siglo XX, se dedicó a la interpretación, la docencia, la musicología y la composición, y ganó enorme prestigio internacional en las cuatro áreas. También se especializó en etnomusicología: reunió y analizó miles de canciones folklóricas y preparó estudios vastos y minuciosos de media docena de músicas folklóricas nacionales. Luego de una formación rigurosa, viajó mucho y se presentó sobre todo en Hungría, Estados Unidos, el Reino Unido y Alemania. Hablaba y escribía fluidamente en húngaro, alemán, inglés y francés, y conocía razonablemente bien otra media docena de lenguas. Bartók tenía una personalidad difícil. Su gran amigo y colaborador, el célebre compositor y pedagogo musical Zoltán Kodály, recuerda que era el único amigo de Bartók en Budapest: “no tenía a nadie con quien hablar”, confiesa. Sus alumnos de piano solían sentirse abrumados por su inflexible insistencia en el matiz exacto de una frase o de una marcación rítmica. A los 26 años fue nombrado profesor del Conservatorio de Budapest. Y a comienzos de los años cuarenta fue profesor en las universidades norteamericanas de Harvard y Columbia. Compuso El príncipe de madera (ballet-pantomima), El castillo de Barba Azul (ópera); suites y otras composiciones para orquesta, música coral (como Cantata profana); seis cuartetos para cuerdas, sonatas para violín, un gran número de obras para piano y varios volúmenes con arreglos de canciones folklóricas. Debe mencionarse sus revisiones de obras del repertorio clásico y su ambiciosa composición Microkosmos, un conjunto de 153 piezas ordenadas progresivamente por grados de dificultad y complejidad.

Gillies, Malcom

[HTML] Documento sin título El escritor e investigador Malcolm Gillies publicó también Bartók in Britain .
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¿Cómo era Bartók realmente? Casi todos están de acuerdo en algo: era un hombre íntegro. El poder, el amor, el dinero o la posición social no podían corromperlo. Por ejemplo, se dedicó durante años a la etnomusicología; reunió y analizó miles de canciones folclóricas y preparó estudios vastos y minuciosos de media docena de músicas folclóricas nacionales sin ninguna perspectiva seria de obtener beneficios económicos, reconocimiento académico o, en la mayoría de los casos, al menos la publicación de sus estudios. En 1940, cuando su situación personal era particularmente desesperada, rechazó un puesto pago como profesor de composición en Estados Unidos. Dijo que enseñar a componer implicaba poner en peligro su propia composición, un argumento que había defendido por más de treinta años. Existe también acuerdo general sobre otra característica de Bartók: era una persona de trato difícil. Pocos podían sentirse realmente cómodos en su presencia. Esos penetrantes ojos magiares irradiaban la misma intensidad que su chapurreado multilingüismo. Conocía perfectamente su inteligencia y la misión que él mismo había elegido y no encontraba virtud alguna en los ambages o la cortesía banal de las relaciones sociales. Sus alumnos de piano solían sentirse confundidos por su inflexible insistencia en el matiz exacto de una frase o de una marcación rítmica. Responsable y cariñoso hombre de familia, no podía sin embargo adaptarse completamente a las exigencias de la vida doméstica, siempre postergada a un segundo lugar, detrás de la música.

La combinación de integridad e inflexibilidad personal hicieron que la vida de Bartók fuera más agobiante y menos provechosa de lo que podría haber sido en otras circunstancias. Como algunos estudiosos sugieren, la susceptibilidad funcionaba como una máscara que apenas conseguía proteger a un individuo naturalmente tímido y extremadamente sensible, aunque decidido, del tumulto y el alboroto del mundo. Su crónica hostilidad a la promoción de sus obras revelaba un fuerte contraste con las hábiles relaciones públicas de contemporáneos más famosos, como Stravinsky o Richard Strauss. Aun más, desalentaba fervorosamente en sus alumnos el intento de extraer enseñanzas de sus obras. ¿Acaso amenazaban el santuario de su mundo sonoro al intentarlo? Es comprensible entonces que recién en el momento de su muerte, en 1945, el reconocimiento de la alta calidad de su producción musical comenzara a desbordar los márgenes de los grupos de especialistas en música contemporánea y se extendiera a un público más amplio. Aunque a veces todavía de mala gana, en la actualidad la obra de Bartók es admitida en la primera línea de las producciones del siglo XX.

El mundo de Bartók presenta casi cien evocaciones sobre Bartók, desde el relato que hace su madre sobre los primeros años en la Hungría provincial de 1880, hasta recuerdos de su larga enfermedad y su muerte en Nueva York. Los testimonios fueron seleccionados de una literatura vasta y en ocasiones poco accesible, con la intención de ofrecer un amplio y pormenorizado collage de la vida pública y privada de Bartók. Los aspectos relativos a su austera vida privada son relatados por sus dos hijos, sus dos viudas, su madre y unos pocos amigos íntimos. Su vida pública fue, en cambio, notablemente más variada de lo que suele conocerse. En su condición de músico, Bartók incursionó en la interpretación, la docencia, la musicología y la composición, y obtuvo prestigio internacional en las cuatro áreas. Viajó mucho y se presentó sobre todo en Hungría, Estados Unidos, el Reino Unido y Alemania. Hablaba y escribía fluidamente en húngaro, alemán, inglés y francés, y conocía razonablemente bien otra media docena de lenguas. Este libro procura reflejar la amplitud de sus logros.

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- El Litoral -