Fernando Molle - El Ciudadano y la región, de Rosario


Extraño jardín el de Lamborghini. Escrito durante su exilio en México (1977-1990), éste es uno de sus libros más originales e inclasificables dentro de una obra poética inclasificable y original, que arranca en los años cincuenta y que continúa hasta hoy. El Jardín de los Poetas está compuesto por tres poetarios, a su vez divididos en parterres. En el primer poetario, el de la espera, asistimos al desfile de los poetas que esperan "la inspiración de su Musa", verso y patrón rítmico que secunda invariable a todas las posibles actitudes y estados de ánimo de los poetas: "Poetas esperando absolutamente humillados/ la inspiración de su Musa./ Poetas esperando místicamente/ la inspiración de su Musa./ Poetas esperando casi sin misticismo/ la inspiración de su Musa". Esta exhaustiva enumeración corroe, por ridiculización, todas las posibles figuras del poeta-vate, visionario, trascendentalista, iluminado. El poeta no hace otra cosa que esperar a ese Godot que es su Musa. En el segundo poetario, el de los sueños, vemos a los poetas que, en distintas circunstancias cotidianas, en instantes microscópicamente puntuales, sueñan su poema. A la repetición del primer verso "Poetas soñando su poema", sigue la risible realidad del poeta: "Poetas soñando su poema/ en el momento mismo de cortar en dos una pera./ Poetas soñando su poema/ mientras parten en dos una pera./ Poetas soñando su poema/ poco después de esquivar un camión volcador". Desbocada máquina verbal -construida únicamente con esta fórmula invariable y estas variaciones adverbiales-, donde la irrupción de lo cotidiano rebaja al poeta lírico, soñador, a la más estricta contingencia, bajándolo de un hondazo de su sueño. Lo real es lo ridículo, y es desde esa verdad última donde, paradójicamente, extrae su intensidad la poesía de Lamborghini. En el poetario de las metamorfosis, se llega a un confín. Se trata de una alocada enumeración de poetas, que se desplaza a partir de un paroxístico juego de aliteraciones. Los adjetivos juegan en un magnetismo de manicomio y dan por terminado el trabajo de erosión y ridiculización de "los poetas". Un ejemplo: "Poetas enanos-poetas hermanos-humanos-urbanos./ Poetas del felacio-falaces-locuaces-herméticos-méticos-cosméticos./ Poetas malditos-peritos-bipartitos-tripartitos-maldichos-dichosos-bichos./ Poetas paz-de la paz-poetas pus-poetas pis./ Poetas de la guerra-guerreros-de la sierra-de la pampa-aserrados-poetas con pámpanos./ Poetas gordos-sordos-cerdos-con cerdas-sin cerdas-cuerdas-sin cuerdas-cuerdos-sin gordura-no cuerdos./ Poetas plebeyos-con bello-sin bello". Y así. Esta aceleración a full se estrella contra el blanco del silencio. ¿Qué decir después de esto? Que pocas veces se vio algo tan radical en la poesía argentina, o en la poesía. Como siempre, Lamborghini se sitúa solo, en otro lado, de frente a (¿todos?) "los poetas". Si, como sostiene el autor en el prólogo, lo propio del arte es "hacer todo con nada", este Jardín es la acabada demostración de su tesis. Leónidas Lamborghini vuelve a demostrar ser uno de esos poquísimos artistas para los que el arte es siempre otra cosa, algo radicalmente distinto de lo ya creado. Mostrando la imposibilidad del Poema -desmarcado de bromitas posmodernas y desacralizaciones de feria-, construye su poesía. Lejos de "soñar su poema", lo realiza.