Rodolfo Modern - La Gaceta, de Tucumán


Brecht es mucho más que un sinónimo de teoría y praxis del llamado "teatro épico". Sus primeros escarceos y los últimos intentos muestran asimismo, a través de cuarenta años, además de la composición de ensayos, novelas y cuentos, una ejercitación constante del menester poético. Menester que en él se constituyó en una necesidad, en una segunda naturaleza. Y el volumen comentado tiende, en cierta medida, a restituir las cosas a su lugar adecuado. Hay un Brecht arquetípico en su calidad de dramaturgo, de "escribidor de piezas", como gustaba denominarse. Mucho de su ademán teatral se ha convertido en moda, en estereotipo, y ya no se le otorga el predominio que alcanzó alrededor de la década del cincuenta. Y, anticipamos, quizás la posteridad, como lo hace parte del presente, coloque su capacidad de hacedor de poemas en términos de privilegio. Porque, quiérase o no, la lírica alemana de mediados de siglo puede levantar como bandera los nombres de dos autores antitéticos: Gottfried Benn y Bertolt Brecht. La Dama Poesía se cubre de atavíos confeccionados con los materiales más diversos. Para unos sus telas y colores deben ser cuidadosamente seleccionados, despojados de la ruda materia terrenal. Los elementos de que se vale deben mostrarse como "filtrados". Para otros es justamente la calidad terrena de sus materiales lo que debe ponerse de relieve. Por un lado Benn, Rilke, Celan. En una posición contraria, Brecht. En palabras distintas, o circunstancias de la poesía o poesía de circunstancias, de ciertas circunstancias, subrayemos. Esto último pertenece al autor ausgburgués, al portavoz del materialismo histórico, al marxista consecuente y consecuentemente golpeado por una realidad hostil. Pero el resultado de sus concepciones, de las que partía y que sentía con una sinceridad que va más allá de sus fallas cono ser humano y que aquí, por lo demás, no interesan, se tradujeron con un ademán, contenido y recursos formales fuera del alcance de un panfletista o propagandista más o menos convencido. Porque Brecht era un artista consumado en el uso de la palabra, un profundo conocedor de la gran tradición literaria de su país, y hasta un aprovechado lector de la Biblia. Todo ese arsenal fue concienzudamente aplicado a la expresión de sus experiencias, de sus emociones y pasiones, de su feroz capacidad dialéctica, de su incomparable uso del sarcasmo y la ironía. Y tal vez, en ciertos momentos, de salida a sus impulsos más desgarradoramente líricos y de su extensa producción en el género, que abarca cinco tomos de la edición de las obras completas aparecidas en Suhrkamp, Jorge Hacker ha espigado, en total, ochenta de entre los poemas y canciones. Personal como es toda antología, lo ha hecho con dignidad y con conocimiento de ambos idiomas, como puede compararse con los textos alemanes que aparecen juntamente con su versión castellana. (...)