Eduardo Pogoriles - Clarín


Hay que estar. Esa es la consigna de la mayoría de los editores argentinos cada vez que llega octubre y el almanaque señala la realización de la Feria del Libro de Frankfurt, el mayor encuentro mundial para mostrar, vender y comprar los títulos que circularán por cada rincón del planeta. Hay que estar porque los resultados saltan a la vista: en la última edición de la Feria hubo interés por los narradores argentinos y también sorpresa por la presencia de editoriales pequeñas con catálogos de calidad. Y aunque el stand argentino no sobresalía frente a los de Brasil, México y Colombia, lo importante era estar allá entre el 8 y el 13 de octubre junto a los otros 6.638 expositores de 102 países. Piadosos ante la crisis argentina, los organizadores de Frankfurt no cobraron el espacio ni las instalaciones, para facilitar la llegada de editores reunidos en la Cámara Argentina del Libro. Como siempre, los grupos internacionales con filiales en la Argentina estuvieron con stand propio; (...). Desde el año 1949 la Feria de Frankfurt es el mayor mercado de compraventa de derechos de autor y traducciones. No es una feria donde el público va a comprar libros, como ocurre en Buenos Aires o Guadalajara. Frankfurt es básicamente un encuentro comercial entre editores y agentes literarios, también el mejor escenario mediático para anunciar el pago de millones de dólares por una biografía de Woody Allen o Mick Jagger. La mecánica de la Feria es frenética, los editores y agentes literarios pautan sus encuentros meses antes de ir a Frankfurt. (...) En las reuniones de trabajo entre editores, agentes literarios y directores de colecciones, se acuerdan anticipos a cuenta de derechos. Esos anticipos están en proporción con una estimación de venta de ejemplares. Para los autores argentinos que podrían vender de 2.000 a 5.000 ejemplares en el mercado europeo, esos anticipos están en la franja de los 1.000 a 8.000 dólares. Es el caso de Rodolfo Walsh, Ricardo Piglia, Antonio Dal Masetto, Rodolfo Fogwill y César Aira, entre otros. (...) En Frankfurt se ratificó la tendencia de las editoriales locales a hacer pie en España y exportar más de la mitad de su producción, aprovechando la baja de costos que trajo la caída de la convertibilidad en diciembre de 2001. Por ejemplo, una editorial chica como Adriana Hidalgo se establecerá en Madrid en 2004 lanzando las obras completas de Antonio Di Benedetto. "Hay mucho interés en Europa por autores canónicos como Di Benedetto, y también por otros escritores nuestros como Héctor Libertella, Jorge Di Paola, Daniel Link y Roberto Jacoby. Por otra parte, vimos a libreros y editores españoles muy preocupados por la superproducción de títulos. En España se lanzan 3.000 títulos mensuales, son ediciones de buena calidad, pero con precios promedio de 28 euros resultan invendibles allá y tampoco son exportables", comentó Hidalgo. En Frankfurt, para algunos editores se hizo evidente que España está preocupada por la pérdida del importante mercado argentino. (...) hay mucho interés por obras de Silvia Molloy, José Pablo Feinman y Griselda Gambaro. (...) El sitio de reunión preferido por los argentinos fue el hall del hotel Frankfurter Hoff. (...) en la red global que es Frankfurt, hay espacio para todos.