Mariano Serrichio - La Voz del Interior


Esta antología recorre la obra de uno de los mejores poetas brasileños del siglo 20, y ha sido seleccionada y traducida por el poeta argentino Rodolfo Alonso. Manuel Bandeira fue un símbolo de la vanguardia de su país, su compañero de ruta Mario de Andrade lo llamó “el San Juan Bautista del modernismo brasileño”. La vanguardia brasileña cobró fuerzas a partir de 1922, cuando los multifacéticos Mario de Andrade y Oswald de Andrade organizaron “La semana del arte moderno” en San Pablo. El objetivo de este movimiento era plasmar la lengua y los modos de ser del pueblo brasileño, a diferencia de las vanguardias europeas que tenían un carácter internacional. La obra de Manuel Bandeira siguió estas transformaciones, sin hacer de ello una profesión de fe. Su primer libro, La ceniza de las horas (1917), es simbolista, tiene un tono fúnebre y recurre a muchas de las grandes palabras del simbolismo americano, como noche, muerte y melancolía. Pero igualmente están allí los gérmenes de un tono más personal, elaborado en sus dos libros siguientes, que son a su vez una culminación del simbolismo y un puente hacia otra cosa. En su cuarto libro, Libertinaje (1930), Bandeira ya es dueño de un tono propio, en el que se notan la búsqueda de la lengua y de la vida de su país, recurriendo a la ironía y al humor. En su poema largo “Evocación de Recife”, escribía: “La vida no me llegaba por los diarios ni por los libros / Venía de la boca del pueblo en la lengua errónea del pueblo / Lengua veraz del pueblo / Porque él es quien habla sabroso el portugués del Brasil”. En sus libros posteriores explotó los recursos de la vanguardia, al punto de hacer una poesía de circunstancia. Este gesto muestra una refinada ironía, en comparación con la aspiración a la profecía de otros poetas americanos, como César Vallejo o Pablo Neruda. La poesía de Bandeira es deliberadamente menor, recurre por igual a las noticias, a una escena de la calle, o al verso de un poeta amigo. Muchos de sus poemas son canciones e incluso hay varias oraciones en las que no falta su tono juguetón. La tristeza es una marca de su obra, pero es diferente del mito romántico de la melancolía. Lo suyo fue una lucha constante contra la muerte. Sufrió de chico una enfermedad que lo tuvo al borde de la muerte y luego, en pocos años, perdió a toda su familia. Esta escalada de muertes le dejó la impresión de ser un sobreviviente, salvado por un milagro, una cuestión que aparece en varias ocasiones en su poesía. Manuel Bandeira vivió hasta los 82 años, un detalle que no es menor para la comprensión de su obra. Acaso lo mejor de su obra sean esos breves poemas donde confesaba su nostalgia del amor. Uno de ellos, “Arte de amar”, comienza así: “Si quieres sentir la felicidad de amar, olvida tu alma”, y los versos finales concluyen certeramente esta idea: “Deja a tu cuerpo entenderse con otro cuerpo. / Porque los cuerpos se entienden, pero las almas no”. El empedernido solterón que fue Bandeira llegó en estos versos a un colmo de lucidez.