Luciana De Luca - Diario Castellanos


Detrás de todo escritor -que publica- hay un editor. La máxima, inapelable desde épocas remotas, podría ser apenas un dato de funcionamiento, del orden de la lógica fabril que necesariamente ocupa la tarea de escribir -y publicar. Jorge Herralde, editor, dueño y director de la mítica editorial Anagrama, es soberano en uno de los pocos tronos de la casa real de las letras. Pocos, porque no son tantos los editores que se dediquen, además de a sus tareas cotidianas, a compilar toda suerte de apreciaciones sobre el mundo que los desvela: el de los escritores y sus escritos. Y pocos, además, porque Jorge Herralde, apenas pasadas sus seis décadas, se ha convertido en uno de los referentes mundiales en el rubro editorial. El Observatorio editorial es el tercer libro que ha escapado por debajo del puño de Herralde. El primero, Opiniones mohicanas, iniciaba la afición de Herralde por reunir sus reflexiones y artículos, publicados en diferentes medios del mundo. Este libro, que causó una pacífica revolución entre los lectores, colegas y críticos, le valió vivir, de allí en más, cargando sobre su espalda el mote de "El último Mohicano". Desde la fundación de Anagrama en el año 1696 -todo un cachetazo insolente al franquismo represor e inquisidor- Herralde ha sido el culpable de más de 2.300 títulos que enriquecieron las bibliotecas hispanas. Conquistador, con un afinado olfato de perro de caza, en El Observatorio Editorial Jorge Herralde retoma los atajos periodístico-literarios para construir de a poco una cierta clase de autobiografía profesional. Su relación, intuitiva y muchas veces azarosa, con autores desconocidos; su habilidad para develar talentos consumidos por la voracidad creadora; el afán por rescatar autores y obras perdidas o desaprovechadas: Herralde, patrón de su propio observatorio editorial, enfoca su par de ojos ansiosos en todos los rincones, porque es empresario, por supuesto, pero también por el deseo ferviente -honestamente lector- de sumergirse en las fogosidades de quienes escriben los que él supone, son los libros que merece el lector hispano. Si leer un diario de autor es un permiso ineludible para intentar asir lo que florece en su testa, leer las experiencias de un editor no resulta menos atractivo. Las experiencias herraldianas, narradas en un tono fresco y provisto de condimentos irónicos, describen, por ejemplo, un día en la vida del magno editor, viajes y corridas, como de toros, entre ferias, conferencias y tertulias literarias. Cuentos, historias y anécdotas: Herralde, su compañera y una travesía con colores de road movie para encontrarse con Charles Bukowski en una noche angelina alucinada y risueña; el adiós sentido a Pierre Burdieu; el conmovedor epílogo a la vida de Roberto Bolaño, ganador del Premio Herralde en los umbrales de la muerte; el salvataje de la obra del genial Vladimir Nabokov; el elogio a Paco Porrúa, "una de las leyendas secretas de la edición en español". Todas las criaturas de Herralde juntas en un Arca de Noé múltiple y polisémica, una Babel exótica y talentosa, en la que comparten asilo Ricardo Piglia, Alan Pauls, Pablo Pérez, Copi, Gombrowicz, Antonio Escohotado, Pavese, Raymond Carver, el dream team británico de Martín Amis, Mc Ewan, Julian Barnes, Hanif Kureishi; Albert Cohen, Claudio Magris, Esther Tusquets, Particia Higsmith... y la lista, eterna y épica, continúa al infinito. Sumergirse, entonces, puede ser una valiosa forma de compartir nosotros, los lectores argentinos devaluados, lo que se gesta en la usina de Herralde, padre, mecenas y domador de Anagrama.