Nadia Battella Gotlib - La Nación


El apego a escenarios imaginarios, con oscilaciones entre un universo de fantasía y uno de, a veces, triste realidad, parece que siempre marcó el trayecto de Clarice Lispector. Incluso en una prehistoria artística, cuando no sabía ni leer ni escribir. La familia no tiene formación artística, pero tiene vocación para el arte y la erudición. Al padre le gusta leer, aprecia la música, tiene vocación por las matemáticas y carga con una tristeza: no haber podido estudiar. La hija Clarice llegó a afirmar, cierta vez: "Papá era un gran matemático". Y la hija Tania también se refiere a él con admiración: "Mi papá tenía mucha cultura bíblica. Celebrábamos tres o cuatro fechas del calendario judío. Mi papá conocía los rituales. Conocía el idish muy bien. Y recibía un diario de Nueva York, The Day , en idish . Tenía ideas muy avanzadas. Era un hombre avanzado. Nunca les pegó a sus hijas. Era excepcional. Si no fuera por las circunstancias, podría haber tenido una mejor situación en la vida". La mamá escribía. Escribía diarios, que no publicaba y que terminaron perdiéndose. Y poemas. Clarice cuenta, atónita, en una entrevista, que tomó conocimiento de ese hecho en ocasión del casamiento de su hijo Paulo, cuando una tía le dijo: "¿Sabes que tu mamá llevaba un diario y escribía poemas?". Y Clarice comenta: "Me quedé pasmada" . En la misma entrevista se refiere a la producción intelectual de sus dos hermanas: "Tengo una hermana -Elisa Lispector- que escribe novelas y otra hermana -Tania Kaufmann- que escribe libros técnicos" . En otra oportunidad hizo una broma: "Somos tres hermanas escritoras. A Elisa, todos la conocen. La tercera (en realidad, la segunda) es Tania Kaufmann, que escribió un libro delicioso sobre cómo tratar a la empleada doméstica". A Clarice le gustaba escuchar historias: "Mi mamá era enferma. Entonces, todas las atenciones eran para ella. Yo vivía tras la sirvienta, pidiéndole: "-¡Cuenta una historia! ¡Cuenta una historia!". "-Ya la conté." "-¡Repítela! ¡Repítela!" Y también inventa historias. "Bueno, antes de leer y escribir yo ya fabulaba. Incluso inventé con una amiga medio lela una historia que no acababa nunca. Nunca. Era mi ideal: que una historia nunca terminara." Y agregaba: "Es muy complicado explicar esa historia. Cómo era" . Pero lo explicó, una vez: "Antes de los siete años, yo fabulaba. Le enseñé a una amiga un modo de contar historias. Yo contaba una historia y, cuando no la podía seguir, mi amiga comenzaba. Ella entonces seguía y cuando llegaba a un punto imposible, por ejemplo, cuando todos los personajes habían muerto, yo continuaba. Decía: ´No estaban del todo muertos . Y seguía." El hilo temático -la historia inacabable- reaparecerá, bajo el impulso de la lectura de Herman Hesse, al que leyó a los 14 años, cuando ya está en Río. Clarice afirma, a comienzos de 1977: "Leí a Hesse. Tuve un shock. El lobo en la estepa o estepario, no sé. Ahí comencé a escribir un cuento que no acababa más. Terminé rompiéndolo, tirándolo". Una disponibilidad continua e inagotable que se manifiesta en sucesivos viajes marcará también el destino de algunos de sus personajes, que siempre parten hacia nuevos puertos, como Joana, de Cerca del corazón salvaje , o como Lucrecia, de La ciudad sitiada . De ese final escapan algunos otros, por la interrupción de la continuidad, que se da al morir atropellados, como Virginia, en La araña , y Macabea, de La hora de la estrella , o por un final convencional, como en Un aprendizaje o el libro de los placeres , en el que Lóri y Ulises se unen en matrimonio y pretenden tener hijos. ¿Este no terminar nunca no caracterizará la propia marcha de la ficción de Clarice, en la medida en que se presenta como un proceso que intenta explorar la intimidad, hasta lo más recóndito del ser, siempre en busca de nuevas formas de representación, movidas por la insuficiencia? ¿No será, incluso, el eje estructural de historias que se suceden, indefinidamente, hasta una quinta vez, en el caso de "La quinta historia"? ¿Podría, quién sabe, haber una sexta? ¿Mil y una? Pues en ese cuento la narradora afirma, respecto de su historia, que son cinco -pero que es una sola: "Incluso una, serían mil y una, si mil y una noches me dieran". Traducción: Álvaro Abós